Una de las visiones más inquietantes de la tradición oral de Chamanga.
Cuando las sombras se alargan en las calles de San José de Chamanga y la luna se convierte en la única vigía, surge un sonido que hiela la sangre: el piar de un pollito perdido. Pero en este pueblo, ese sonido no es señal de vida, sino de la presencia de la Gualgura.
Cuentan que este ser, un «pollo malévolo», atrae a los incautos con su piar incesante. Así le ocurrió a Mirian y su novio Polo una noche de menguante. Lo que parecía un ave extraviada cerca de su casa de madera los guió, paso a paso, hacia la maleza espesa. Mientras más se adentraban en los matorrales, más fuerte era el canto, como si el animal se burlara de ellos desde la oscuridad. El padre de Mirian, desesperado, los buscaba entre los arbustos, pero la Gualgura ya los había envuelto en su engaño.
De pronto, junto a un árbol de mate, la visión se reveló: una sombra negra y amarillenta que creció descomunalmente hasta convertirse en una gallina gigante de aspecto siniestro. Solo un candil a lo lejos y el instinto de supervivencia permitieron que la pareja escapara de morir entre las matas de caña brava. Dicen los antiguos que la Gualgura nace del mal, devorando a sus hermanos desde el cascarón, y que la única forma de ahuyentarla es mostrar un carácter fuerte o gritar con autoridad, pues este espectro se alimenta del miedo de los desprevenidos.
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